…beben y beben y vuelven a beber, pillan una aceituna y un poquito de fuet…

Con esta retahíla el pequeño Olegario se queda dormido a la espera de su regalo de navidad. Ole es muy supersticioso y bajo ningún concepto querría que el bueno de Santa se olvidara de su par de calcetines y el mp3 en el que sólo suenan los Chunguitos. Así que cierra los ojos y lo hace con tal fuerza que se le salta una lentilla. “Bueno, aún me queda otra.”

7.20am, 25 de diciembre de 2011. Ole ya no puede más. Se levanta con toda la delicadeza de la que es capaz y encendiendo las luces de toda la casa trota hacía el comedor dónde se encuentra el geranio “Regalos” que alberga los ansiados presentes, made in carrefour.

Sin embargo, cuando se acerca, en un post-it amarillo puede leer “Lo sentimos, pero en vista de la falta de comida y desperdicios de la cutre navidad de este año, nos vemos obligadas a confiscar todos  los regalos y complementos, si los hubiera o hubiese. Tus amigas, las cucarachas.”

Dos abultadas lágrimas se asoman en los ojos de Olegario. Enciende la radio. Ponen una de los Chunguitos:

Soy Un Perro Callejero. Y yo digo que más da. Vivo solo y como puedo. Que me dio la sociedad.

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