Ayer…

Ayer le volvió a pasar… y es que todo pasa y todo llega. Se levantó como cada mañana a tientas, con una sola zapatilla, la otra había emigrado al salón la noche anterior. Ole se dirigió a la cocina con la ilusión de tomarse un cafetito humeante con sabor  a domingo estival.  En ese momento no tenía otro pensamiento en su cabeza, ni siquiera reparó durante el trayecto en  la  presencia  de  la  otra  zapatilla,  que  miraba  con  ansiedad  a  su compañera  porque  la  había  echado  de  menos,  y  es  que  a  veces  no valoramos lo que tenemos hasta que nos falta. Una vez en su cocina Ole abrió el armario en busca del café de máquina. Horrorizado probó suerte en los cajones aledaños al fregadero, desesperadopor  su  fracaso  abrió  el  microondas  con  la  esperanza  de  confirmar  un despiste, pero la fortuna no le sonrió… Resignado se asomó a la ventana del salón y vio como llovía aquella mañana de enero.

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