Margarita, mon amour…

Al igual que la primavera en el Corte Inglés, la semana santa llegó y propulsada por una fuerza infinita, a veces camuflada en forma de serial televisivo, otras en boca de un vecino hablador, hará que pronto los capirotes rindan culto a una tal María y Olegario siente que debe cumplir con su deber de “buen cristiano”.  ¿Está al caer la semana santa y otra vez en casa? Margarita se merece unas buenas vacaciones. Así que, raudo y veloz, es decir, tras 2 semanas de reflexión, se decide a reservar dos cómodos asientos en el autobús  que lleva a Alpedrete así como una bonita habitación en la pensión “Soy un truhán pero un señor”.

Terminal de autobuses, sábado por la mañana. Ole está haciendo cola para comprar los billetes que le abrirán las puertas del cielo cuando una abuelita, aduciendo dolor de piernas y “mucha atrosis”, le da un pisotón,  se cuela y compra los últimos billetes para Alpedrete.

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Eso te pasa por seguir las modas, Ole! Pero todavía guarda las llaves del piso que su tío tiene en Vallecas así que compra una botella de buen tintorro para celebrarlo, a luz de vela, con su siempre-amada Margarita.

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