regadera

Como ocurre con las personas físicas (aclaración sustancial de la Agencia Tributaria) la riqueza del mundo vegetal es inmensa. Hay especies domesticadas como los geranios o la planta del dinero y especies más asilvestradas, rebeldes o libres, en último término. Las primeras suelen crecer en pequeños tiestos en las casas u oficinas de las personas físicas y las segundas en su propio hábitat natural, más o menos.

“Qué curiosos son estos documentales de plantas, no sé cómo hay gente que se duerme viéndolos” pensó Ole. “Deberían ponerlos en un canal de verdad”. Renunciando a su siesta, a pesar de haberse calzado ya la manta hasta el cuello, se puso a recordar los parques y jardines que había visitado en su juventud. Y le sobrevino la imagen de un cartel en la cafetería de su pueblo, el jardín botánico!

Entusiasmado con la idea, propuso a Margarita visitar el jardín botánico, qué mejor sitio para conocer diversas especies vegetales en un mismo espacio. Y la idea triunfó.

Domingo por la mañana. Ole y Marga se adentran en un edén inabarcable para su vista. Intentan asimilar tanta variedad leyendo los pequeños carteles a pie de cada sección, pero no consiguen descifrar ese idioma – “ ¿Pero el latín no era una lengua muerta?” Recorren los pasillos con tortícolis de mirar hacia un lado y el otro y en la boca de Marga entra un mosquito despistado por llevarla abierta.

De pronto, se topan con un ejemplar único. Atónitos por el hallazgo se acercan a leer el cartel. “ ¡Vaya un baobab! Pues no parece muy peligroso, el pobre está lejos de su hábitat”.

Cómo intentamos adaptarnos al medio cuando éste no es el nuestro, quizá nos volvemos un poco menos… asilvestrados.

De camino a casa dieron una vuelta por la avenida cogidos de la mano. Con tono muy cariñoso Ole le dijo a su amada “ Te quiero, mi flor de Pitiminí” y ella con gran dulzura le devolvió la mirada pensando “ ¿Cuál será el nombre de esa flor en latín?”.

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