Toc, toc… El picoteo de un pájaro carpintero en el árbol vecino despierta alegremente a Olegario con un fuerte dolor de cabeza.

-Buenos días, pajarillo- alcanza a decir mientras una lágrima azul le resbala en la cara. Este contratiempo le obliga a dejar su ducha mensual para más adelante y mientras busca su chaqueta y un par de chocolatinas, mordidas, se decide a bajar a la farmacia en busca de sanadoras provisiones.

-Hace un día estupendo- piensa -tal vez lleve a Margarita a tomar un helado al bar “don Paco, no es el más bueno pero sí el más barato”.

Tuerce la esquina en dirección a la farmacia y, sin esperarlo, se encuentra atrapado en una marabunta de piernas, brazos y gritos. -Vaya, cuánta gente se ha levantado esta mañana con dolor de cabeza.- “Libertad”, “dignidad”, “todos somos iguales” puede escuchar. Y le parecen unas palabras tan bellas que, sin pensarlo, levanta también su brazo y repite con ilusión: “libertad”, “dignid…”

Se despierta en una camilla del Samur tras unos minutos de inconsciencia. Había recibido un porrazo de un policía que reprimía la manifestación. Sin embargo, gracias al sedante, ya no le duele la cabeza.

-Qué día tan bonito. Definitivamente,  saldré a tomar un helado con mi querida Margarita.-

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