“Mmmm… tan sabrosita, jugosa y apetitosa… Qué recuerdos me traen esos pinchos de tortilla de patata en la taberna D. Pepita. Cómo olvidar la imagen de aquel hombre sentado en la penumbra de un habitáculo, alejado del bullicio del gentío del local, inclinado sobre un cubo situado a sus pies y concentrado en la ardua labor de pelar kilos y kilos de patatas para crear la obra maestra…

Pues esta noche cenaré ese manjar!”

Decidido a esculpir, pelador en mano, los tubérculos necesarios para elaborar su festín, destapa sin demora el patatero que tiene en la encimera y como quien da un paso en falso ante una sucesión de escaleras abajo, siente el frío vértigo de comprobar que no le queda ni la típica patata disecada.

Una loncha de mortadela, un tranchete y la rodaja de un tomate en pleno ocaso conforman el relleno de un exquisito sándwich.

“Oh Pepita! Quién tuviera en su plato un trocito de aquella pitanza tan deliciosa ..!”

Anuncios