cafe y tostadas

Como ya le sucedió una vez, Ole se ha vuelto a quedar sin café para desayunar. Y piensa: “Lo mejor está por llegar.” Baja a la cafetería de “a la vuelta de la esquina”, según se coge la segunda calle a la derecha y dispuesto a tomarse un delicioso desayuno continental con su zumo de naranja incluido, entra en el establecimiento.

Se sienta en la mesa del ventanal, donde puede ver pasar la vida o a los vecinos, según lo que pase antes. Abre el dominical y procede a leer el artículo de la semana:

“Dicen, que en esta vida todo llega, que será cuando tenga que ser y al mal tiempo buena cara. Que si no te gusta, te vas por donde has venido o en el mejor de los casos, te devolvemos el dinero. Dicen tantas cosas… Pudiera ser que pudiera, pero hoy no porque se nos ha agotado. Vuelva usted mañana, mejor a última hora. ¿Habrá alguna manera de llegar a ese punto de “ni pá ti, ni pá mí”, donde el que busca halla y el que quiere, puede?.”

Mientras espera el café con las tostadas, alza la mirada y encuentra delante de él a Agustín.

¡Agustín! Amigo inseparable de Ole en la infancia, su Zape, su Benji. Hacía tantos años…  Por avatares del destino, sus caminos se habían vuelto a cruzar. Había sido todo un acierto sentarse cerca de la ventana. ” Qué recuerdos.. cuántos años habrán pasado..? Qué más da.” El desayuno continental se ha convertido en un festín de reencuentro y Ole piensa de nuevo: “Así es, lo mejor estaba por llegar. Será que tenía que ser.”

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