Sábado por la mañana. Ole abre el buzón y encuentra una postal con cerditos albinos que llevan pintados corazones en sus barrigas. El matasellos parece decir Hallstatt, pero al intentar pronunciarlo se hace daño en la garganta y decide  buscar el remitente. Sí, es de Luisa, Luisa que está de vacaciones.

Han pasado ya 3 años desde que la hermana pequeña de Ole emigrara a Viena, Austria. Aunque había estudiado derecho su pasión secreta era el diseño de carteles de ópera. Así que una mañana confusa y de color pastel salió a tomar el habitual café con porras junto a sus compañeros de fábrica y decidió no volver.Llenó dos maletas con las cosas imprescindibles para abrirse camino en la vida, esto es, el portátil, el libro “El Principito” y 20 pares de zapatos de tacón.

No derramó ni una lágrima  y prefirió no mirar atrás, temiendo que los recuerdos  la transformaran en estatua de costumbre y melancolía.

Tan sólo nos dejó una nota (aunque llama todas las semanas):

“Ya estoy un poco más cerca de mi. A veces, es necesario dar un triple salto mortal para caer al abismo de lo que somos. Hasta pronto.”

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