¿Por qué los mapas siempre se olvidan de mi calle?

En esta vida todo llega, sobre todo, las preguntas. Así que una tarde cualquiera sentado en el jardín Real o, lo que es lo mismo, la terraza de casa junto al geranio Miguel, Ole se pregunta por el oscuro y cuasi místico motivo que empuja a las imprentas del mundo a confabular contra honrados ciudadanos, dándoles noticias falsas sobre calles que no existen o, en el mejor de los casos, se encuentran unos metros hacia arriba o bien unos pasos hacia abajo, un poco más a la izquierda o todo recto a la derecha pero nunca en el lugar indicado.

Sintiéndose abrumado por los recuerdos y la impotencia de tantos años de pérdidas y “turisteos”  no planeados, saca punta a un boli con tanta vehemencia que se parte en dos, llenando su escritorio de tinta, así que coge un lápiz de carpintero y comienza a escribir una sentida carta al defensor del pueblo (esa figura que nunca se ve pero de la que todos hablan):

 

“Excelentísimo, estimado defensor,

He de referirle un tema que me aterra y, si la luna es nueva, me quita el sueño. Es el extraño caso de la conjura de las calles y los libreros. He podido comprobar, desde hace años, como las susodichas, es decir, las calles, nunca se encuentran en el lugar indicado, lo que hace imposible calcular el tiempo que se va a necesitar para llegar a un determinado lugar o si, simplemente, se va a llegar.

El otro día, sin ir más lejos, bajábamos a la playa, tras 5 años de esmerado ahorro, puntualizo, y acabamos tocando palmas en un poblado gitano. Si bien es cierto que nos robaron, pasamos un buen rato entre cantes, taconeos y aceitunas. Pero todo ello, sin embargo, lejos de nuestra anhelada playa que el mapa, con mezquindad y alevosía, se había ocupado de ocultar.

Otro día, tiempo atrás, caminaba tranquilamente por mi barrio con la ilusión de empezar unas clases de claqué y transcurría así feliz mi paseo zarandeando los zapatos de tachuelas que serían la envidia de las vecinas jóvenes, cuando me di cuenta, con una mezcla de espanto y cansancio, que la calle  Sagrado Tormento, número 23, lugar que ocupaba la academia de baile había desparecido. ¿Misterio? ¿Un transeúnte cabreado que maldijo la calle y esta desapareció por los siglos de los siglos? ¿o es el propio gobierno que no satisfecho con poseer nuestros cuerpos, durante largas jornadas de trabajo, se apropia también de nuestro espíritu robando los hobbies?

Le ruego encarecidamente que se investigue el caso. Pronto podrían empezar a desaparecer otras cosas como los índices de los libros o las notas del autor.

 

Atentamente, Ole.”

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Un comentario sobre “¿Por qué los mapas siempre se olvidan de mi calle?

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  1. Cuánta razón tienes Ole, espero que el Defensor atienda tu petición. No quiera el destino que desaparezcan las notas de autor, sin ellas los libros serían… más finos (especialmente los de papel).

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