A veces, basta caminar un ratejo por los rincones del barrio para descubrir que no estás sólo, y que la gente está llena de poesía, aunque sólo te dé los buenos días al pasar junto al quiosco del señor Pablo, o te pese cuarto y mitad de pollo en la carnicería de siempre, la que está entre la corsetería y la casa de apuestas.
Salí esta mañana con mi libreta, la que me regalaron el día que celebré mi comunión y aún estaba envuelta en celofán, nunca es tarde si se encuentra el  motivo.
Apunté algunas cosas…
Descarrilamiento de ideas que esperan, estranguladas, del otro lado.
Subida del precio del amor, no sin complicadas oscilaciones de contratiempos y pisadas.
Amor de estraperlo, puede conseguirse cerca de las vías, acudan indocumentados y sin camisa.
La fuerza de la gravedad es más notable cuando nos aplasta el viento contra los huesos fríos de los puentes.
La curiosidad nunca fue un freno para nuestros cuerpos de carne. Son las almas las que se enredan entre los barrotes de la duda.
La gallardía no es sinónimo de lo masculino. Allí estuvo ella, todos los inviernos del mundo, capeando al tiempo y a la vida, olé!
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