La celebración

No sabías… Se peinó de forma desenfadada para dar el paseo. Llegaba con unos minutos de antelación a la cita y los dedicó a echar un vistazo al nuevo escaparate de la droguería de la calle principal. Por poco llega tarde, pero no fue así, no es su estilo.  Bajó ella, encaramada a unos tacones de cuña que casi le hacían sobresalir de la estatura de su amado, de no ser por el peinado desenfadado que llevaba él y que le sumaban casi tres centímetros a su altura natural.

Quizá el clima no les iba a acompañar en esta celebración de aniversario, llovía a cantaros y en estas circunstancias la población no se anda con miramientos; pero la ocasión merecía eso y más, como perderse el concurso de dardos retransmitido en directo desde Zaragoza, aunque fuera la semifinal.

– ¡Qué linda eres! Qué feliz estoy de verte.

Agarrados de la mano se incorporan a la avenida para girar después en la segunda calle a la izquierda, de camino al mesón donde tienen la reserva. La calle, aunque secundaria, está muy transitada y complicada de atravesar. El baile de paraguas no es todo lo coordinado que debiera.

Y al instante, ¡Pam! Momento mágico: Se acerca una pareja, muy pintona, paraguas-carpa en mano abierto en todo su esplendor y con mirada fija en el horizonte. Nuestra pareja se percata de la presencia de la carpa móvil y del poco espacio a compartir; prepara una estrategia de “aparte”. La pareja de “marquesitos” se acerca decididamente hacia ellos, aparentemente sin ningún plan más allá de continuar sus pasos.

Era de esperar… no  lo sabías… Cuando los “nobles” salen de paseo piensan que el común de los mortales les debe una pleitesía. Llámale ” mmm… creo que estaba yo primero, pero no importa, pase usted”, “mmm.. no hay sitio para que pasemos los dos, ya me quito yo, disculpe” y ese tipo de fórmulas.

¡Pam! Fin del momento mágico. Margarita ya puede presumir de alzarse como la más alta. Durante la trapatiesta con la carpa, una de las varillas propinó un envite a Ole que le hizo rebajar el estilo informal de su peinado pasando a parecer un clásico señor de Murcia.

– Mi vida, mi amor… Después de los profiteroles, te llevaré al parque y contemplaremos la belleza del riachuelo que, con esta lluvia y con luz de la luna, resplandecerá como un mar de plata, iluminará tus mejillas y te contaré un secreto. Te quiero.

 

 

 

 

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