¿Será éste el mejor camino para llegar a… allí? Sin tener claro el destino, el mejor trayecto es el empezado. Pues empiezo. Empiezo y tropiezo y destrozo un zapato. Quedo azorado y un poco perplejo. Me miro en el espejo, estoy arañado. No pasa nada. Me levanto. Y de un salto estoy de nuevo andando. ¡Qué vida ésta! Aún sin destino, creo que llego tarde. Me aturde la idea, decido parar y mirar alrededor.

¡Allí estás! Enfrente te encuentro y afronto el trecho que nos separa. Ya – no – se – para, seguimos juntos; sin prisa, disfrutando y conquistando, viviendo y… amando. ¡Va por ti Margarita!

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