Numeros-realesEsa tarde, la gente se agolpaba en la cola del autobús esperando su número mágico, haciendo la cábala entre bolsas de supermercado y mochilas escolares con cierto olor a ajo. Ole llegaba con prisa porque los miércoles, si no llueve, después de trabajar, se sienta enfrente de su oficina y cuenta cuántas nubes tienen forma de sol. Una vez aparecen tres coches rojos el juego acaba y debe iniciar el camino de vuelta con su secreto aprendido. Ya sabe el número exacto que tocará en el sorteo del millón del día siguiente. Consultó su reloj casio, regalo de la tía abuela Frasquita en su primera comunión, que si bien ya no funciona, combina perfectamente con todas sus camisas.

– “Son las siete y quince, vaya justo ese es el número de mi autobús. Ya lo veo pasar. ”

15 juanolas para la tos en el bolsillo y 7 caramelos de limón. Siete pequeños cabellos caen al pasarse la mano mientras mira por la ventana. Hoy la chica albina no toma café en la plaza.

– “Quince días y podremos ir a la sierra. Margarita querrá pasear pero yo sólo quiero mirar la nieve y permanecer. Dos paradas y me bajaré del autobús.”

El hijo de la pescadera con el número uno bordado en la camiseta hace un rápido juego de piernas y casi le hace caer pero toma conciencia de la puerta de salida y logra bajarse ileso.

– “Cero euros en el bolsillo, no puedo comprar el periódico.”

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