Una de esas tardes de invierno en las que sobra el frío y faltan los apegos, Ole abre su cuaderno de crucigramas con la intención de encajar palabras, por si de aquel rompecabezas fatal sacará sentidos a la vida:

“Cuando crujen las ventanas

guardas ases en la espalda

calabazas traen en las alforjas

lorzas y otras milongas culinarias

ricas castañuelas a la braza

zumban en los sauces melindrosas

escoja, que no es poca cosa

un leño de pintura tras la alfombra

esto se acabó, alondra.”

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