Eran las 5 de la tarde. Su pulso se iba debilitando al compás de la digestión.

Eran las 5 de la tarde y su mente volaba, libre, al paraíso, a tierras lejanas; imágenes oníricas acudían a su mente agolpándose como queriendo traspasar a la realidad.

Eran las 5 de la tarde y su única aspiración era agarrarse a ese globo que se elevaba con ilusión hacia el cielo y abandonar la tierra por unos instantes…

Pero, a pesar de ser las 5 de la tarde, el atronador ruido procedente del cuarto izquierda se empeñaba insistentemente en no dejarle partir.

《Nunca sabe uno cuál es la mejor hora para colgar un cuadro, pero…》De repente, se vio sumido en una imponente timbalada, rodeado por un numeroso grupo de bailarines que le invitaban a seguir sus pasos en una improvisada danza de capoeira. Y así, feliz con aquel encuentro, pasó la tarde del domingo, rematando el pequeño letargo con un  delicioso acarajé.

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