La primera vez que la vi se llamaba Rodolfo. Quizás resulta paradójico y, ciertamente parapléjico, como las personas cambian cuando menos te lo esperas. Aletargadas como perezosos mudan su dudosa piel y un día, tal vez soleado, porque los momentos alegres son los más propicios para el cambio, Rodolfo pliega su chaqueta de Vichy mientras juguetea con un mechón de pelo rubio, su suave y bien-perfumado pelo de mujer

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