Una cabezadita

《¿Qué tenemos aquí? Un recordatorio de estar vivo, un aviso de la próxima película que se proyectará en tu vida y que, a ésa, le seguirán muchas más. Así que, relajate y disfruta…》

Qué dulce había sido la cabezadita que había echado después de comer. El plato de guisantes hervidos y la lata de sardinas bien se merecían un reposo. Había conseguido frenar el balanceo de su cabeza al topar con el cojín de pana que tenía a su izquierda y encajando el codo entre su propio costado y el sofá, voló a tierras lejanas. El despertar también fue placentero, le esperaba un sabroso membrillo casero que Anselmo, antiguo portero de la finca y actualmente jubilado supervisor de obras en activo, le había traído de su pueblo en la última visita a la comunidad.

Ya se disponía Ole a iniciar los preparativos de la merienda cuando avistó de soslayo una marca desconocida en su cara reflejada en el espejo del pasillo. Una arruga vertical le cruzaba la cara y le daba un toque algo siniestro, como de bucanero curtido.

《¡Oh, tiempo que resbalas y escapas entre mis sueños! Pareces estar a nuestra disposición, pero realmente estamos a tu merced y para recordar tu amargo abrazo dejas huella en la piel como el mar en las piedras… 》

 

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