Quién hablará de nosotras cuando hayamos muerto, se preguntaba la chica del pelo azul. Átame a tus recuerdos, matador, fugaz el tiempo que nos recorre. También la lluvia se llevó parte de mi, la inocencia y la flor de mi secreto. Los amantes del círculo polar caminan en zigzag, no quieren perderse entre el viento, no deben volver. Mar adentro continúan los afectos que golpean huecos como perlas de escarcha. Mátame suavemente y el viaje a ninguna parte no será tan aciago. Tras el cristal, Viridiana me observa pero yo no me encuentro en la piel que habito. El silencio, de los corderos, me delata.

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